Renato Paone

Renato Paone

Ingeniero de sonido, músico y emprendedor
Director Fundación Corazón Carranguero

Domingo, 08 Mayo 2016 15:49

UN LENGUAJE ELEGANTE Y ALEJANTE

BELLO (ANT).    UN LENGUAJE ELEGANTE Y ALEJANTE*
*: Nada ha sido imaginado.

Por Renato Paone


Recuerdo aquella tarde como si hubiese sido ayer, pero para compartir a gusto el recuerdo, narraré el suceso que dio pie a este artículo.

Ayer, en la tarde, en una casa campesina del suroeste antioqueño, estaba todo dispuesto para una grabación más de Micrófono Errante; los músicos campesinos y sus familias estaban vestidos de fiesta, un delicioso olor a café acompañaba sus sonrisas domingueras, sus miradas de asombro brillaban al ver cómo el corredor de su casa, con una privilegiada vista a las interminables montañas antioqueñas, se iba convirtiendo en un estudio de grabación, rápidamente surgió el comentario entre risas; “estudio de grabación panorámico”. Hacía parte de la fiesta de grabación un delicioso “sudado de pollo” de esos que se sirve con orgullo y se come con pasión, muy representativo del espíritu amable y amplio del antioqueño puro.

Domingo, 17 Abril 2016 13:42

EL SINDROME DE LA AUTODESTRUCCIÓN

BELLO (ANT). EL SINDROME DE LA AUTODESTRUCCIÓN
Léase con sarcasmo y sensatez 

RENATO PAONE


Es una teoría fácil de entender, basta con mirar el entorno, todo está llegando a su fin.   Algunos investigadores dirán que es una actitud genética.  Los de corrientes más sociales dirán que es una simple costumbre.  Algunos fanáticos asegurarán que estaba escrito; el caso es que es real, al menos parece muy real, todo está llegando a su fin; la comida, el agua, la gente, la radio, la televisión, la gasolina, la música, y dentro de todo ese todo entran, lógicamente, las costumbres y con ellas las músicas tradicionales.   El final de los tiempos es inevitable y lo vimos en mi pueblo cuando don Gabriel cerró su restaurante, dejando afuera una fila de clientes hambrientos, porque ya nadie comía.

BELLO (ANT).    Sentado a la sombra, tratando de escapar no sé exactamente de que, si del sol abrasador que en mi ciudad de árboles muertos nos freía a 38 grados o del torrencial aguacero que se veía llegar por las montañas del oriente que calmaría el sofoco con un pequeño salto a los 20 grados y una que otra inundación.     

8Escuchando en un radio ajeno, -valga la aclaración-, la excelsa poesía que se impuso en la música de mi pueblo desde hace ya muchos años y que con su sentido amorosamente misógino y violento, -al que me resisto a acostumbrarme-, daba un sinsabor al tinto del momento y una pesadez en el cuello que preferiría no llevar; daba un color a muerte característico y popular en algunas músicas.

Al fondo, el ruido de un bombardeo que no cae del cielo sino que sube hacia éste en época de fiesta como una fiel evocación de la guerra al parecer muy apropiada para celebrar y disfrutar la navidad; tal vez será una forma de querer sentirse en “tierra santa” o simplemente la manera de celebrar de un pueblo que se resiste a aprender.

BELLO (ANT).      Lo poco que crecí lo hice en un pueblito situado en un rincón del valle de aburrá a donde el viento de media Antioquia se dirigía encajonado entre las montañas para ir a parar a las mangas1 de Niquía2 permitiéndonos tener uno de los mejores sitios en el mundo para elevar cometas, y bien aprovechadas que eran esas mangas, no solo volaban las renato paonecometas, volaba también la imaginación o quizás entrabamos en una especie de trance que nos permitía escuchar los cuentos que desde otras tierras nos traía el viento. Y entre cometas, viento, quebradas cristalinas y amigos, pasaban las horas para cerrar los días con otro maravilloso espectáculo pueblerino, la llegada del tren Carguero de sueños y comida traía a diario toneladas de alimentos, maquinaria y animales junto a centenares de habitantes de otras tierras. Allí, en la última parada antes de llegar a la “gran ciudad” se quedaba el campo.

Como aún era pequeño y silencioso el pueblo podíamos escuchar el pito del tren cuando se acercaba y corríamos a ver el espectáculo de su llegada a la estación: bajaban gran cantidad de personas, algunas, con equipaje ligero, venían a hacer vueltas3, otras, 12cargadas de corotos4 y sueños venían atraídas por la pujante industria textil y con la convicción de que aquí si había futuro, no como en el campo, que a pesar de tenerlo todo siempre nos han enseñado que hay que abandonarlo. El pueblo se iba llenando de nuevos colores, olores, sonidos y amores.

Una de las cosas más valiosas que trajo ese arrume de montañeros fue su música campesina, y no es que acá no la tuviéramos, sino que cada uno traía su propio sonido, entre tantos corotos siempre venia una guitarra, un tiple, una bandola o un violín, de aquellos de tradición paisa tocados “de oreja”. Sonidos amañadores y fiesteros, canciones llenas de dulzura, de