La Ventana Columnista 
Publicado el Sábado, 18 Abril 2020 17:25

EL TESORO DEL VALHALLA (CAPITULO 1)

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EL TESORO DEL VALHALLA (CAPITULO 1) La Ventana. Diseño imagen: Gustavo Herrera

EL TESORO DEL VALHALLA (Capítulo 1)

Por:    LA VENTANA
Literatura, Poesía, Cuentería
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MEDELLÍN.   Abril 18 de 2020.    Publicamos hoy la primera parte de un cuento compartido por Carlos Alberto Ramírez Ramírez, titulado "El Tesoro del Valhalla".  Gracias Carlos!  A disfrutar de la lectura!

EL TESORO DEL VALHALLA (Capítulo 1)
Por:  CARAM

En los tiempos en que el pirata inglés Sir Francis Drake invadía y tomaba la ciudad de Cartagena, los primeros días de febrero de 1586, tiene sus orígenes el mito que tanto aventurero, profanador y guaquero jamás dejó de dar por cierto.

Previamente el capitán del barco, recién nombrado caballero en su natal Londres directamente a manos de su majestad la reina Isabel I, había dado instrucciones a su hombre de confianza para que iniciara una de las aventuras más peligrosas, increíbles e impensadas por sir Theotymo Ramcas.

Nunca por su cabeza tapizada de plateadas canas creyó ocurrírsele emprender semejante locura.    

Por instrucciones del mismo capitán de la nave, sir Tino, como cariñosamente le decía su mujer y familiares, debía tomar cuatro de los esclavos negros que llevaba en la nave, para transportar un pesado tesoro que en altamar habían robado a una embarcación española, destinado a manera de tributos para su majestad el rey de España Felipe II -el prudente-, hurtado a los indígenas nativos ubicados en el largo recorrido que desde Santa Marta había emprendido el abogado Sebastián de Belalcázar en su afán de encontrar metales preciosos en la ruta al mar del sur.

La orden del capitán Drake tenía las características de ser clara y precisa. El hábil navegante inglés ya había analizado la fuerza con la que un rio, cuya desembocadura se encontraba en Castilla de Oro y penetraba casi cinco leguas al mar, -el gran rio del Darién o rio Nive-, y que más tarde tomaría el nombre que los comerciantes o tratantes de ébano o de esclavos, al llamarlo “rio de la trata”.     Gracias a ese cálculo, había seleccionado una embarcación de bajo calado, pequeña, parecida a los bergantines españoles, y que pudiera internarse rio arriba.

Sir Tino debía salir a la alborada, recorrer tres días y dos noches y al atardecer del tercer día debía buscar al oriente del desembarcadero un lugar imperecedero, preferiblemente una gran roca, visible desde la orilla, que por ningún motivo la fuerza de 1000 hombres o 300 bestias pudiera remover de su lugar; allí en la roca debía esculpir el símbolo del cristianismo, desde ese punto debía medir con su brújula 17 grados al oeste, contar 17 pasos y allí enterrar el tesoro, la altura que tomara el catalejo debía inscribirse en dos pergaminos distintos con pluma y vinagre.     La alocada aventura que sir Tino emprendía, tuvo su inicio la noche anterior en la litera del capitán Drake, mimetizando el tesoro en 4 odres de cuero dobles para vino de 50 kilogramos cada uno, para que no generara suspicacias entre los esclavos y remeros que acompañaban al experto navegante.

Justo al alba, inició su travesía sir Tino, rio arriba, por una torrentosa corriente de agua dulce desconocida.   Luego de larguísimos dos días y dos noches navegando contra corriente, en la madrugada del tercer día, habían llegado hasta un lugar que los nativos llamaban Gioró.   Allí se quedaron los remeros, sir Tino y los 6 esclavos abordaron una embarcación más liviana por un rio tributario.   En la tarde llegaron a un sitio llamado Chitar, según las indicaciones del capitán Drake, desembarcaron y sir Tino divisó un peñasco que quedaba a unas diez leguas y ejecutó el plan bajo el más estricto apego a las instrucciones.   Sir Tino tuvo la precaución de hacer dos mapas de igual nivel de detalle, en pergamino y bajo un encriptado que estuvo planeando durante los dos días de navegación rio arriba, uno de los pergaminos escritos con las indicaciones del tesoro, en un idioma vikingo extinto, aprendido por sir Tino por tradición familiar, cayó de la armadura del noble inglés en la playa del rio.   Dos días más tarde, dió orden cumplida al capitán Drake, entregó los pergaminos, dándole poca importancia a la pérdida accidental de uno de los escritos, y para evitar llamados de atención, durante el regreso, reposado, hizo el faltante.

CARAM
Texto: Carlos Alberto Ramírez Ramírez

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