Renato Paone Columnista 
Publicado el Domingo, 19 Abril 2020 14:26

MEMORIA SONORA – Reconstrucción de la Identidad

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MEMORIA SONORA – Reconstrucción de la Identidad

Por:   RENATO PAONE
Fundación Corazón Carranguero
www.renatopaonemusic.com


BELLO (Ant).   Recordar la casa en que crecimos, su color, sus enseres, nuestra cama, el olor de la comida que preparaba nuestra madre, recordar la alegría que nos producía salir de paseo, el contacto con el agua cuando íbamos al campo, la mirada de aquella chica, nuestros amigos de infancia, sus apodos, nuestros cuadernos, la cara de los profesores, las manos de la abuela, el árbol al que trepábamos para robar mangos, la primera bicicleta, la llegada al mundo de un nuevo hermano, la emoción de ver a nuestro primer amor, el primer beso, aquellas cartas, el día de la boda, el pueblo, sus personajes, sus casas, el sabor de las paletas del parque, el sabor de la sangre en la boca después de alguna infantil pelea, la primera guitarra, el primer escenario, el día de la graduación, el olor de la navidad; cientos de recuerdos están alojados en diferentes sitios de nuestro cerebro y hacen parte fundamental de nuestro ser, la mayoría de éstos recuerdos están acompañados de sonidos que nuestra mente recrea; la voz del abuelo, el grito de guerra del profesor de educación física, el sonido del tren, las risas de los amigos, el silencio cómplice frente a alguna travesura, los regaños de la profesora, las campanas de la iglesia del pueblo, la voz de la abuela, las lluvias torrenciales sobre el techo, la voz del amor, un susurro inolvidable; y al lado de todos estos recuerdos, la banda sonora de la vida, desde las canciones del preescolar; unas felices, ingenuas y tranquilas como “la iguana que tomaba café”, y otras bastante perturbadoras como la famosa “mambrú se fue a la guerra” o aquella que no me dejó dormir durante casi una semana en la que “Don Federico mató a su mujer, la hizo picadillos y la echó al sartén…”, que justo coincidió con el día en que Esther, la esposa de un amigo de la familia llamado Federico, viajó a su pueblo natal por un mes; nadie, solo yo, sabía que había sucedido con ella, y cada que olía a carne asada yo recordaba el aterrador final de Esther.   La banda sonora de la vida, aquella música que acompaña los recuerdos, y es que adrede o no, cada momento viene acompañado de un sonido, a veces canciones, coplas, música sola, juegos, etc, otras veces simples ruidos industriales, de la naturaleza o efectos especiales que inventa nuestra mente para esos momentos, como cuando a Cristian, mi amigo de adolescencia, su primera novia le terminó a orillas de una autopista y él escuchó como su corazón se quebraba en mil pedazos, “como botellas cayendo” decía Cristian triste y desolado; con su corazón roto caminó llorando hacia el norte, sin percatarse que unos metros al sur el camión de la cerveza había volcado.

La música, con todos sus componentes poéticos, hace parte fundamental de nuestras vidas, y más en los primeros años.    La música que se escucha en casa y en la escuela, influye directamente en la percepción del mundo y marca la relación que tendrá el individuo con la sociedad. El ejercicio de la música es la única actividad que involucra al cerebro en su totalidad, por ende, los recuerdos que incluyen sonidos o música, involucran más puntos del cerebro que otro tipo de recuerdos. Radica aquí la importancia de saber cómo sonamos, cómo cantamos, cómo hacemos poesía y arte en general, desde mucho antes hasta ahora, porque el ahora será la memoria futura.    El entorno sonoro en el que crecen los nuevos colombianos no les permite establecer una relación entre la pertenencia a una cultura y su propia vida.

No es de extrañar que en un país en donde la cátedra de historia desapareció de los colegios hace casi treinta años, tengamos serios problemas de identidad; ésta cátedra y la de geografía fueron incluidas en un lamentable y engorroso “paquete” llamado Ciencias Sociales, dando como resultado una gran masa de colombianos que no saben quiénes son, de dónde vienen, ni en dónde están parados.    El pueblo que desconoce su historia no solo está condenado a repetirla en formas cada vez más atroces, sino condenado a destruirse a sí mismo.

Un pueblo sin memoria es su propio enemigo porque olvida lo que no conoce, es un pueblo fácil de engañar porque cree que nunca antes ha pasado nada y cualquiera puede presentarse como su seguro salvador, a un pueblo sin memoria cualquier cosa le sirve. En el caso particular de Colombia, nos han convencido de la inutilidad de la memoria queriendo construir una sociedad sin pasado, aquí la “desmemoria” se va incorporando peligrosamente en la genética. Un pueblo que no recuerda, no existe.

La memoria sonora es la que nos permite saber quiénes somos desde antes, cómo sonamos, cómo cantamos, cómo jugamos; nos ofrece un conocimiento profundo de nuestras raíces y nos permite el rescate de una colombianidad sana y adecuada para ser parte de un futuro pacífico. El regreso a las raíces y a la naturaleza musical y poética de los seres humanos tiene efectos reparadores, catárticos, pacificadores y liberadores.

La importancia de la memoria sonora, su recuperación y su difusión está en ser la forma de preservar la identidad, comprender la actualidad y asegurarle un futuro a la cultura colombiana, el mundo espera saber cómo sonamos, no cómo podemos imitar la sonoridad de los demás.   Para esto, hay que reconocer urgente e indispensablemente que el arte es la actividad social que más beneficios aporta a la vida comunitaria, desde el simple festejo alrededor de las expresiones culturales hasta la identificación y diferenciación como grupo y sociedad convirtiéndose en “un medio de representación, reflejo, constitución, expresión y negociación de identidades culturales como resultado de un trasegar histórico en el que intervienen filiaciones geográficas e ideas culturales de raza…”

La construcción permanente de identidad, su reconocimiento y fortalecimiento, y dentro de esto, la memoria sonora, es la que permite a los pueblos su supervivencia cultural al reconocer sus expresiones orales, canciones, poesía, lúdica, cuentos y música, y al tener conciencia sobre la importancia de la preservación y proyección de éstas. La identidad sonora es la que le da representatividad a una cultura y facilita su movilidad por el mundo.

Se hace necesario recuperar nuestra memoria sonora, procurar el traspaso generacional de ésta memoria, hacer que vuelva a sonar y buscar que las nuevas expresiones musicales y los nuevos músicos conozcan estas raíces y las incluyan en su propuestas artísticas, es urgente quitarnos el lastre de la música de muerte, mal llamada “música popular”, una música que está directamente ligada al aumento de las agresiones contra las mujeres y a los asesinatos de mujeres, tenemos que dejar de ser la única sociedad del planeta que celebra la vida escuchando música de muerte, la única sociedad del mundo que cuando está feliz escucha música triste.

Hay que reconocer como parte fundamental de la sociedad, al músico, al músico campesino y al músico callejero, son los portadores de la memoria sonora, porque la memoria sonora no es solo que lo fuimos, es lo que estamos siendo en el tiempo que transcurre porque esto que suena ahora será la memoria sonora de los nuevos colombianos. Lamentablemente sigue siendo difícil entender la importancia del campesino con sus labores, sus canciones, sus formas de expresión; del joven con sus atuendos y sus formas de canción, para muchos sigue siendo el arte un encarte.

Es necesario asumir una postura responsable con el entorno musical actual, no solo en el rescate de la memoria sonora sino en la promoción de la misma; promover la presencia de la música colombiana en la escuela, en los lugares públicos, en la casa, en la vida de los colombianos. El rescate y la difusión de la memoria sonora colombiana, es lo único que nos permitirá dar un paso adelante.

Nadie ama lo que no conoce, nadie olvida lo que no sabe, si no lo conoce, no existe, por lo tanto el olvido sobre esa inexistencia tampoco existe. Si no recordamos no existimos. Rainaul Poernif Socoen


RENATO PAONE – Micrófono Errante


- Osorio, (2013). Conductas Violentas: Salud Mental Deteriorada. Centro de Salud Mental. (69-80).
- Segura, J. (2018) Rueda de prensa, instalación puesto de mando unificado para la eliminación de la violencia contra la mujer.
- Soria-Urios G, D. P. (2011). Música y cerebro: Fundamentos Neurocientificos y transtornos musicales . Rev Neurol - Neurologia.com, 45 - 55.
- Villaseñor, G. S. (25 de Mayo de 2004). redcientifica. Recuperado el 2015 de 15 de Abril, de Lamúsica: un factor de evolución social y humana[1] : http://redcientifica.com.
- Flacso, (2012). Estudio sobre patrones de consumo y consumo nocivo de alcohol en Colombia.

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Ingeniero de sonido, músico y emprendedor
Director Fundación Corazón Carranguero

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