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Columnista Clara Marcela Mejía Múnera |
Publicado el Viernes, 22 Enero 2016 09:17 | |
Milton Erre, brindo por tu memoria. |
MEDELLIN (ANT). A primera vista parecía un chamán: atuendo listo para la ceremonia, amuletos indígenas en el cuello, mirada serena detrás de las gafas y memoria prodigiosa para dar la palabras exacta en el momento indicado, como los depositarios de la sabiduría milenaria. Ese era Milton Erre, el filósofo, el poeta, el inquieto, el estudioso, el periodista, el maestro, el productor, que salió de Norte de Santander para conquistar escenarios y cabinas de radio con el poder de su voz y de su sapiencia.
Pensar en él, es evocar su gloria como locutor al lado de Gonzalo Mallarino, Julio Nieto Bernal y Jesús María Guillén, o recordar el impulso cultural que tuvo RCN radio durante su etapa como gerente nacional de programación, donde la música andina colombiana tuvo su mayor ventana, o los 10 años que estuvo en la Emisora de la Universidad de Antioquia con el programa Archivo particular donde compartía sus colecciones de sonidos, que no eran pocas.
Pero lo que la historia no puede dejar de tributarle a Milton Erre era su activa presencia en los festivales musicales del país y el apoyo a sus quijotescos organizadores.
La experiencia, cultivada con los años de recorrer el mundo, de clasificar metódicamente información, de analizar posibilidades, de aportar, lo llevaron a ser figura clave en el Festival Hatoviejo Cotrafa durante 20 años, a ser presentador estrella del Encuentro Nacional de Intérpretes de Yumbo, del Aguinaldo Boyacense, del Concurso Nacional del Bambuco, y del Encuentro Nacional del Tiple, entre otros.
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Columnista Mauricio Arroyave Duque |
Publicado el Viernes, 15 Enero 2016 16:14 | |
BOLERO: El Rey de La Música Romántica |
ARMENIA (QUI). Se ha escrito que el bolero es un ritmo con raíces españolas, reinventado en varios países hispanoamericanos de la cuenca del Caribe: Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Colombia, México, Perú, Venezuela y otros. Parece ser que el origen del bolero está en los compases de la contradanza del siglo XVIII.El bolero nace en el tiempo en que los africanos se mezclan con los europeos y llegan a América, ahí comienza la fusión de estas músicas tradicionales africanas con la música de los occidentales.
Reside en cuba, habita en cuba y va creando nido en cuba, para quedarse allí.
Ya en 1792 en el diario cubano HOJA DE PERIÓDICO hace mención del bolero, cien años antes de lo que se tiene como referente de nacimiento. La explicación de ello es que para ese momento ese precario bolero tenía ya ciertos elementos de los que lo caracterizan en nuestra época, trovadorezco, de bohemia y una línea de cantada que lo aproximaría al bolero propiamente dicho.
Natalio Balán, gran musicólogo cubano, habla que a finales del siglo 18 ya hay testimonios documentales de la presencia del bolero en Cuba, obviamente un siglo antes del bolero fundacional llamado TRISTEZAS, compuesto en el año 1885 por el cubano José Pepe Sánchez, quien fuera el compositor que estructuró el bolero tal y como lo conocemos hoy en día.
Los boleros de aquella época eran interpretados principalmente por trovadores, tratando de reproducir la sensibilidad espiritual y romántica de la clase alta.
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Columnista Renato Paone |
Publicado el Lunes, 21 Diciembre 2015 13:18 | |
ORIGENES: Músicas campesinas y colombianidad |
BELLO (ANT). Lo poco que crecí lo hice en un pueblito situado en un rincón del valle de aburrá a donde el viento de media Antioquia se dirigía encajonado entre las montañas para ir a parar a las mangas1 de Niquía2 permitiéndonos tener uno de los mejores sitios en el mundo para elevar cometas, y bien aprovechadas que eran esas mangas, no solo volaban las cometas, volaba también la imaginación o quizás entrabamos en una especie de trance que nos permitía escuchar los cuentos que desde otras tierras nos traía el viento. Y entre cometas, viento, quebradas cristalinas y amigos, pasaban las horas para cerrar los días con otro maravilloso espectáculo pueblerino, la llegada del tren Carguero de sueños y comida traía a diario toneladas de alimentos, maquinaria y animales junto a centenares de habitantes de otras tierras. Allí, en la última parada antes de llegar a la “gran ciudad” se quedaba el campo.
Como aún era pequeño y silencioso el pueblo podíamos escuchar el pito del tren cuando se acercaba y corríamos a ver el espectáculo de su llegada a la estación: bajaban gran cantidad de personas, algunas, con equipaje ligero, venían a hacer vueltas3, otras, cargadas de corotos4 y sueños venían atraídas por la pujante industria textil y con la convicción de que aquí si había futuro, no como en el campo, que a pesar de tenerlo todo siempre nos han enseñado que hay que abandonarlo. El pueblo se iba llenando de nuevos colores, olores, sonidos y amores.
Una de las cosas más valiosas que trajo ese arrume de montañeros fue su música campesina, y no es que acá no la tuviéramos, sino que cada uno traía su propio sonido, entre tantos corotos siempre venia una guitarra, un tiple, una bandola o un violín, de aquellos de tradición paisa tocados “de oreja”. Sonidos amañadores y fiesteros, canciones llenas de dulzura, de